10/10 "La pena de muerte en Texas" - Universidad Blas Pascal
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10/10 “La pena de muerte en Texas”

La Voz del Interior. Artículo del Dr. Horacio French, docente de la materia Inteligencia y Criminalística de la Lic. en Gestión de la Seguridad de la UBP.

 

Link: La pena de muerte en Texas

 

 

Reflexiones de Horacio French.

 

En noviembre de 1995, Victor Saldaño, un argentino que había ingresado de forma ilegal a Estados Unidos, junto a un cómplice de origen mejicano cometieron en pocos minutos un crimen atroz. Secuestraron a un comerciante norteamericano llevándolo a un descampado y, sin piedad alguna, le pegaron cinco tiros en la cabeza, abandonándolo exánime luego de sustraerle 50 dólares y un reloj pulsera.

 

Horas después, el crimen quedó esclarecido debido a que varios testigos señalaron a Saldaño y a su compañero como los autores del homicidio, y dieron también a la policía datos precisos acerca de la ubicación del cuerpo de la víctima.

 

Una vez detenidos, peritajes posteriores confirmaron que ambos asesinos estaban drogados y borrachos cuando cometieron el crimen. Todo esto ocurrió en el sureño Estado de Texas.

 

Victor Saldaño es cordobés y contaba en aquel entonces sólo con 23 años. Había arribado a los Estados Unidos luego de deambular por Europa, en busca de mejor suerte, pero sin medios para sobrevivir.

 

Fue en Texas donde apenas llegado se vinculó con delincuentes que lo introdujeron en el submundo del delito, actividad que en ese Estado se reprime con mucha severidad.

 

Ahora bien, una vez detenido, Saldaño transitó un camino distinto al que tomó su cómplice. Este en la audiencia preliminar al juicio se declaró culpable y con eso evitó la posibilidad de que se le aplicara la inyección letal. Saldaño, en cambio, fue acusado de ser el autor material de la matanza, lo que le significó que un tribunal tejano lo condenara a la pena de muerte.

 

Luego, sus abogados norteamericanos lograron anular dicho juicio con el argumento de que estuvo viciado de prejuicios raciales. Pero en un segundo juicio, en idénticas circunstancias, Saldaño fue condenado de nuevo a la pena máxima.

 

Todo este trámite judicial generó un injustificable e inhumano proceso carcelario que hasta la fecha lleva 19 años. No obstante, la explicación a esta demora se debe a la infinidad de apelaciones que la Justicia norteamericana contempla antes de dar cumplimiento a este tipo de sentencia.

 

En lo que va de 2016, fueron ejecutados, entre otros, dos hispanos cuyas condenas se habían dictado en 1992 (Gustavo García) y 1998 (Pablo Vázquez).

 

El país equivocado

No cabe duda de que Saldaño eligió el país equivocado para cometer un crimen en ocasión de robo, porque de los 50 estados que integran los Estados Unidos de Norteamérica, 31 conservan la aplicación de la pena de muerte y Texas es el que históricamente registra el récord de ejecuciones desde 1976: 1.331 reos ejecutados.

 

A su vez, en este Estado sureño, la aplicación de la pena de muerte como castigo a los criminales cuenta con la aprobación del 80 por ciento de los ciudadanos.

 

Resulta más que razonable que los familiares de Saldaño luchen con todos los medios para evitar su ejecución, y es de esperar que lo puedan lograr, pero lo que hay que entender es que la Justicia de ese país tiene otra visión acerca de las consecuencias que puede tener un hecho criminal de semejante magnitud.

 

Si Víctor Saldaño hubiera cometido el crimen en su país, estaría hoy en libertad, aunque se lo hubiera condenado a prisión perpetua, debido a que en la Argentina –por más aborrecible que sea el delito que se cometa– ningún condenado “se pudre en la cárcel” como reclaman los familiares de las víctimas.

 

En cambio, para la Justicia norteamericana la prioridad siempre es la víctima. Por eso durante el juicio el jurado, al emitir su voto, jamás dejó de pensar en Paul King, el hombre de 46 años que fue abordado por Saldaño y su cómplice, para luego secuestrarlo y rematarlo de un tiro en la nuca. Saldaño lucha por su vida y aún tiene posibilidades de conservarla, mientras a que King sus victimarios no le dieron esa oportunidad.

 

* Doctor en Derecho, docente de la Universidad Blas Pascal

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